La Universidad Complutense de Madrid (UCM) busca un nuevo rumbo. Aquejada por los años de la crisis, escándalos de gestión y una imagen en ocasiones politizada, la institución centenaria arrastra una estructura pesada y un modelo académico que ha derivado en unos modestos resultados en los indicadores universitarios.

Fundada en 1508, la universidad por cuyas aulas han pasado premios nobel, presidentes del Gobierno, ministros, jueces, pensadores, científicos o insignes escritores de la historia moderna de España parece que no consigue despuntar en el nuevo milenio, a pesar de contar con docentes e investigadores reconocidos y de primer nivel. ¿Qué le pasa a la Complutense?

Al histórico gigante le duelen las articulaciones y el diagnóstico parece claro: «Hay una estructura excesivamente fragmentada que dificulta cosas tan elementales como hacer una planificación docente óptima, que pueda haber una interlocución directa con los departamentos, que condiciona la oferta académica…», explica su rector, Carlos Andradas. Y lo mismo ocurre en el ámbito de la investigación, donde se pierde potencia, capacidad de atracción de personas y de proyectos.

Por ello, el equipo rectoral ha presentado el Plan Director de Reordenación de Estructuras, con el que se pretende mejorar la organización y planificación docente, crear grupos con mayor «masa crítica» y atractivo, reconfigurar los servicios administrativos y mejorar la oferta académica. «No se suprimen titulaciones, aunque sí facultades, se mantiene el compromiso con el empleo y la finalidad es fundamentalmente académica y no económica», ha querido aclarar el Rectorado para calmar los ánimos.

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